ADULTOS SIN MANUAL DE INSTRUCCIONES

Si sos un adulto con dificultades en tu organizacion, pero no por exceso de tareas sino por que sos capaz de hacer complejo lo mas sencillo, tal vez puedas encontrar algunas cosas utiles aqui.
Si sientes que un motor esta encendido sin poder silenciarlo, o que tu motivación se escurre y te aburres demasiado pronto... Si haces mil cosas pero pocas terminas...

Si las listas de tareas incompletas te superan, si quisieras tener un mes más en el año porque jamás llegas a tiempo, tal vez aqui te encuentres.
Si olvidas tus llaves, tus telefonos, tus compromisos, lo que te han dicho o ibas a decir....la cara del mozo, el nombre de la mujer de tu socio....estas en el horno si sos un adulto. Pero puede que tengas TDAH.
Si te sientes irresponsable, avergonzado, humillado y por sobre todo desconcertado porque por momentos tu funcionamiento parece exactamente igual que el del resto....
Tal vez aqui encuentres una pista. Si recuerdas el link...
Aquí estoy para a ayudarte a que lo recuerdes. Te espero en este espacio, para que entres, leas, comentes, compartas con otros y siempre regreses por mas!
Nos vemos
Norma Echavarria
Médica Psiquiatra

lunes, 21 de marzo de 2011

el ciclo del malestar


  
  Mal pero acostumbrados
 
Vivir acostumbrado a la lluvia permanente, y al mal tiempo, termina fácilmente con el optimismo del mas positivo de los sujetos.
Vivir sobreviviendo a  huracanes emocionales, propios o ajenos puede transformar la escenografía de la adversidad en una cotidiana realidad. 

Toda comunicación espera una respuesta, y si bien un sujeto en desarrollo necesita más respuestas positivas que negativas, un adulto también las seguirá necesitando.
En historias que han sido signadas por repetición de errores, omisiones, olvidos, fracasos, y frustraciones continuas, las críticas y la culpa se adueñan de las marquesinas.

Que puede esperar un sujeto cuando producto de su accionar, o en caso contrario, por la ausencia del mismo, la proporción desmedida de críticas, reproches y enojos ajenos se transforman en lo mas predecible de su entorno?

Puede ser que en algunos casos una persona logre librarse de ser víctima de críticas y comentarios desvalorizantes, pero en la mayoría de los casos poco importa, pues con gran habilidad ellos se habán alojado en su interior. Protagonizando entonces una continua pelea consigo mismo.

Poseedores implacables de astutos fiscales que buscan constantemente demostrar su falta, marcarla, y hacer que el juez dicte sentencia, pasan innumerables horas sentados en el banquillo de los acusados, sin tener oportunidad de defensa alguna.
Pero por que tanto desbalance, tanta desproporción?
Cuando las acciones están condicionadas en su desarrollo a la expectativa de la aprobación en el mejor de los casos, o al menos en la ausencia de una dilapidaria crítica, las acciones empiezan a escasear, resultado de un verdadero sistema de supervivencia.
No accionar, generará menor dolor que hacerlo.
Pero la crítica externa le da paso a una nueva locación del juez, que se instala en su interior y a su condena cual un eco permanente ante cualquier falla.
Cómo es que un sujeto que convive con la desvalorización, puede sobrellevar vínculos tan nocivos, sin apartarse de ella?
El castigo no es la crítica, o el silencio, lo son también las caras de desaprobación que tejen los hilos que pasarán a dirigir a ese ser casi como una marioneta en un teatro de niños.











Pues la falta de aprobación es algo a lo que no sólo se ha acostumbrado, sino a lo que cree sentirse merecedor.
Se sentirá merecedor  del castigo, la crítica, el reto, o la corrección, pues aprendió desde pequeño que siempre hace las cosas mal.
Ser diferente al resto, no encajar,  llevan a un  ser en muchos casos a una especie de mutilación de su verdadero ser para sentirse aprobado.
Mutilar sus deseos, sus ideales, su imaginación, se transformaron en una consecuencia lógica para la supervivencia.
Hará, dirá, creerá, lo que los demás determinen, a cambio de un gesto de aprobación, o peor aún, tan solo por evitar la crítica despiadada.

Miles de preguntas constantes lo bombardean en medio de la inacción o la huída.
Que hice mal?
En que me equivoqué ahora?
Qué se suponía que debía hacer?
Algunas preguntas que surgen a partir de registrar el destrato.
En lugar de rechazar la agresión, busca dentro suyo la culpa.
Pues las críticas de los que se supone lo aman, formarán una escalada de enojos. 
Frecuentemente quien está del otro lado, no puede entender como los mismos errores se repiten, una y otra vez. 
El enojo, el desprecio, forman parte del diálogo que los rodea.
Y así, el sujeto termina creyendo merecérselo, y quien le critica se siente dueño de una posición de acciones correctivas, "así va a aprender"…..
Pero eso no es lo que sucede. 
Sobreviene el conflicto constante, o el silencio que surge a partir del sometimiento.
Ambas partes viven sin conectarse, o solo lo hacen el la superficie.
La escenografia es la crisis y las batallas protagonizan los dias. Ruidosas, o constituidas del mas angustioso silencio.
Pero que pasa frente al destrato?
No hay acaso una sensibilidad que determine que no debe permitirlo? Donde esta el limite?
Cuando uno está acostumbrado a la lluvia, ya no se asombra, supongo, ni toma conciencia de ello.
Lo mismo sucede en las relaciones vinculares que desatan conflictos constantes.
Las acciones de uno parecieran justificar las reacciones del otro.
Y así entran en un círculo de intensas y apasionadas emociones, que les hace creer que avanzan.









Se puede acaso salir de ese círculo?
Si la debilidad, la culpa y la inseguridad protagonizan la aceptación del destrato, como podrá hacer para reafirmarse, cómo salir de ser el blanco para hacerse fuertes?
 
Bien, para empezar podría yo pensar si es que acaso alguien es merecedor de destrato.

En todo caso una acción inadecuada, deberá disparar una consecuencia relacionada, pero no debería incluir la devastadora descalificación hacia la persona.
Si la acción es inadecuada, la crítica y la calificación deberían centrarse en ella, en su lugar de destruir al responsable de ejecutarla?
Que ventajas recibe aquel que juzga continuamente, las inadecuadas situaciones del otro, pero no lo deja libre?
¿Es acaso que ese lugar es el único en el que puede sentirse poderoso?

Pues pensando en alternativas, para empezar, el destrato no será negociable, no importa lo hecho o lo no hecho, no podrá nadie utilizarlo como recurso.
No mas caras no mas gritos, no mas desprecios.
No estará permitido.
 
O es acaso que alguien disfruta que lo pisen?
Alguien deja la mano firme mientras siente que se quema?
Alguien voluntariamente puede asumir que merece el daño?
 De ninguna manera.
Si el organismo posee mecanismos reflejos para evitar el dolor o el daño físico, habrá que reactivar los mecanismos de registro de dolor psíquico.
 
Esto deja sin lugar al recurso mas frecuente, y a la pregunta : ¿Qué hice mal ?
Por mas inadecuado que haya sido lo hecho o lo no hecho, nadie merece el castigo, pero si las consecuencias.
La ley establece penas, y castigos, a las acciones, que el responsable cumplirá, sin garantías de aprender de ello.
 
Si el otro está enojado, deberá tomar un curso de manejo de emociones, o deberá empezar yoga, o darse cuenta que la inteligencia emocional es imprescindible.

Vivir en sistemas disfuncionales crónicamente, temiendo la reacción desmedida de quien "elije" la convivencia, hace que un individuo pierda su espontaneidad, pierda su verdadera identidad, y por otro lado no aprenda de sus fallas.
Los sujetos expuestos crónicamente a situaciones violentas, pierden capacidad de reacción, se apagan, se deprimen, desaparecen de escena dentro del silencio.
 
Desarrollar un sistema hipertrofiado de complacencia, hace que el actor no pueda tener ya letra propia.
Su actuación será tan solo producto de las reacciones del público.
Si en la platea los espectadores están serios, pensará frecuentemente que debe introducir algún chiste, pues estarán aburridos entonces la obra dramática se transforma en un monólogo destinado a hacerlos reír.
Si no se ríen, aún con los chistes entonces puede pensar en algo mas como bailar, o cantar.
Pero su obra, la que él eligió para subirse a escena, ya no existe.

No es raro entonces que después de unas cuantas representaciones no sepa que representa.
¿Que quiere?
Simple pregunta, sin respuesta alguna.
No sabe que quiere pues solo sube a escena a representar lo que su público aplaude.
 
Con conciencia de individualidad, seguridad en sí mismo, uno puede actuar sin público y pasarlo muy bien.
Tal vez lo que deba pensar es si no debe cambiar de público, en lugar de mutilarse en el intento de convivir con ese otro.
  Parecería un cambio imposible, pues ser uno mismo no es algo sencillo, cuando los mensajes surgidos de serlo, solo generaron críticas y castigos.
Pues será una necesidad la de conectarse consigo, la de preguntarse que es lo que quiere, cómo y cuando.
Y que es lo que no quiere.
La vida será mejor si está colmadas de cosas que elegimos  y  con la mínima proporción de las que no podemos, mientras pueda elegir, deberá acostumbrarse a pensar en él primero.
Una vez allí un sujeto debe establecer límites claros y concisos.
Debe poder sostenerlos con permanencia, y tranquilidad.
Pues ser diferente es la regla, y ser similares la excepción.
 Si él puede cambiar el curso también pueden los otros, solo deberán desear hacerlo.

Animarse es un desafío, y asumir las transiciones otro.
Pero quedarse esperando los palos, o doblarse porque el mal trago pasa rápido no debe ser la alternativa de vida.
 Deberá ser un mantra constante:
¡No merezco el destrato!
Ni yo ni nadie.
Pero si asumir las consecuencias.
El afecto no puede entrar o salir de escena solo por cumplir o no con lo que otros dirijan.
El afecto no será negociable.
Pues el abrazo es más necesario en los momentos de fracaso que en los momentos de éxito.

 Norma C. Echavarría copyright. 31/07/2007. Revision marzo 2011

 
 
 

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