ADULTOS SIN MANUAL DE INSTRUCCIONES

Si sos un adulto con dificultades en tu organizacion, pero no por exceso de tareas sino por que sos capaz de hacer complejo lo mas sencillo, tal vez puedas encontrar algunas cosas utiles aqui.
Si sientes que un motor esta encendido sin poder silenciarlo, o que tu motivación se escurre y te aburres demasiado pronto... Si haces mil cosas pero pocas terminas...

Si las listas de tareas incompletas te superan, si quisieras tener un mes más en el año porque jamás llegas a tiempo, tal vez aqui te encuentres.
Si olvidas tus llaves, tus telefonos, tus compromisos, lo que te han dicho o ibas a decir....la cara del mozo, el nombre de la mujer de tu socio....estas en el horno si sos un adulto. Pero puede que tengas TDAH.
Si te sientes irresponsable, avergonzado, humillado y por sobre todo desconcertado porque por momentos tu funcionamiento parece exactamente igual que el del resto....
Tal vez aqui encuentres una pista. Si recuerdas el link...
Aquí estoy para a ayudarte a que lo recuerdes. Te espero en este espacio, para que entres, leas, comentes, compartas con otros y siempre regreses por mas!
Nos vemos
Norma Echavarria
Médica Psiquiatra

viernes, 16 de mayo de 2014

Fragmentos de la vida real



El TDAH en las diferentes etapas de la vida

Una experiencia personal:

¿Cómo se presenta el Trastorno por Déficit de Atención e hiperactividad en la infancia?


Me gustaría compartir algo, que forma parte de algunos de los problemas, del TDAH, no todos los cuadros son similares, la heterogeneidad, es la regla, pero algunas de éstas situaciones podrán ejemplificar como se vive un niño con TDAH, en este caso mas bien una niña.
Como madre de cuatro hijos con este problema, habrá algunos ejemplos de conductas que serán a partir de la experiencia de vivir con niños con TDAH
Probablemente sea sencillamente un relato desde la informalidad y la espontaneidad de los recuerdos.


Una experiencia personal:

Siempre supe que era diferente al resto.
Al resto de mis amigas, a mi hermana, a mis vecinas, a mi madre, y que por empatía e identificación me encontraba muy fácilmente con el entendimiento de mi padre.
Y con enfrentamientos y rebeldías en la relación con mi madre.
Años después supe que la genética hizo que heredase este problema de mi padre, de allí que nuestros códigos fueran muy parecidos….

Tal vez por entender de que se trata todo esto, me gustaría compartir algunas de las experiencias personales que me hacían frecuentemente  pensar que convivía con una parte mía que era brillante, ocurrente, creativa, imaginativa, tan hiperactiva en mis pensamientos que las ideas parecían provenir de un fuente surgente que no se detenía nunca, y otra parte distraída, torpe, desorganizada, olvidadiza, impulsiva, demasiado inquieta, y que a veces  me hacía sentir estúpida.
Por supuesto ésta era la parte que se llevaba todos las críticas!

Cómo comprender entonces, que una persona como yo, en ese caso, que realmente quería hacer las cosas bien, que realmente disfrutaba de ir al colegio, que ponía lo mejor de sí para ser como sus compañeras, siempre repitiera los mismos errores, una y otra vez, sin poder aprender de las experiencias.
Que por otro lado no pudiese lograr una imagen externa compatible con otras niñas, prolijas, tranquilas, ni compartir juegos de niñas como cambiar figuritas de brillantina, porque para hacerlo era necesario tenerlas y en caso de hallarlas nunca estaban en buen estado!
Por otra parte ese juego carecía de emoción….

Cómo reconocer una y otra vez frente a mi madre que no tenía los lápices, o tan sólo tenía algún segmento de ellos entre papeles sueltos de mi portafolio, que en ese entonces era el reemplazo de las actuales mochilas.
Los bolsillos de mi portafolios marrón, tenían cualquier tipo de objetos, desde restos de  migas de alfajores a escarapelas que no registraba cómo llegaban allí, pero paradójicamente desaparecían para las fechas patrias!


Tengo la sensación que la mitad de mi vida la pasé buscando las cosas que perdí en la otra mitad.


Aún hoy a mis 54 años, vivo aún la extraña y angustiosa sensación de que voy a olvidarme algo antes de salir, siempre pensando que voy a fallar, con una inmensa ansiedad previa, ¿dónde voy a tropezar?
Si bien la medicación ayuda enormemente a registrar las coordenadas de mis pertenencias, la ansiedad está incorporada a mis movimientos por los muchos kilómetros recorridos.

Recuerdo lo difícil que me fue y aún me es, (aunque debo reconocer que cada día supero otro escollo), tratar de trabajar con papeles.
En el colegio primario, no era tanto el problema mientras las hojas venían estratégicamente cosidas a las tapas de los cuadernos. Pero la tragedia empezó cuando las maestras de área de quinto grado, vinieron con la malísima idea de implementar carpetas individuales.

Allí empezaba el gravísimo problema de hojas que se desgarraban por los ojalillos y ojalillos que las remendaban solo cuando podía encontrarlos, a pesar del esfuerzo de mi madre de colocarlos siempre en un cajón o en una cartuchera, nunca entendí porque no estaban allí cuando los necesitaba.

En el caso de conservar la tapa de las lapiceras, pocas veces las plumas  lograban estar en condiciones, pues cuando caían, siempre lo hacía de punta al piso. ¿Por qué siempre a mí? Una pregunta que formó parte de mi vida cotidiana,

Si el cartucho se acababa, pues había que cambiarlo. Primero surgía el dilema de dónde encontrar el nuevo… y de hallarlo seguramente iba a suceder lo inesperado, forcejear para ponerlo, hasta que inevitablemente estallaba siendo el saldo una enorme mancha azul de tinta, en mi camisa, o en mi guardapolvo.

Crecí creyendo que en el mundo las cosas  se habían confabulado en mi contra, era una idea mágica que aparecía, era un castigo que merecía por ser tan desprolija, tan torpe, tan olvidadiza.

Mi imaginación espectacularmente frondosa hacía que pudiese explicarme que duendes se llevaban mis útiles, y nunca más volvería a verlos…construía hermosos cuentos de hadas y príncipes azules en mi mente, obvio, mientras la maestra explicaba la regla de tres simple, que luego era mas que compleja, porque no entraba en mi castillo de sueños….

Escribía con mucho cuidado pero mis movimientos, que generalmente surgían de los impulsos y no de intenciones programadas, eran tan torpes que constantemente me manchaba, las manos azules, las hojas, todo hacía que creyera que las manchas me perseguían para dejarme señalada… Acá esta la niña problema….

Los bolsillos de mis camisas, delantales, uniformes, tenían manchas de tinta, de las lapiceras cuyos capuchones jamás volvían a su lugar.
Trozos de alfajores cuyas migas con chocolate derretido, se acoplaban amigablemente con las tonalidades del azul lavable, que en realidad, jamás desaparecían, y todo mi aspecto personal se tornaba desaliñado y desprolijo.
Despeinada por  jugar al poliladron con los varones en vez de sentarme con las demás niñas volvía a mi aula.
Mis compañeras jugaban a cambiar figuritas, o a secretear, chismes con los que nunca pude asociarme, pues no era mi estilo divertirme hablando de los otros, tenía ya demasiado conmigo.
Aparte para hacerlo había que tener la habilidad de saber nombres y recordar escenas o frases. Algo francamente imposible para mí.
Así a pesar de mi dinamismo me pasaba bastante tiempo sola.

Pero mi simpatía, mis constantes sonrisas, mi complaciente avidez por agradar fue logrando que mi exclusión no fuera tan intensa.
Solo me costó hacerme amigas por no registrar sus códigos, pero era gran poseedora de una enorme lista de amigos varones, ellos hablaban menos, trepaban y corrían en lugar de ello y era tanto mas divertido.
Por otro lado, no me resultaba difícil llegar a casa, donde mi mamá  revisaba los cuadernos, y me arrancaba las hojas para pasarlas una y otra vez, no era difícil para mí aprender en casa en unos minutos lo que había dado la maestra en forma tremendamente aburrida en toda una mañana….

Era una niña educada, cariñosa, cumplidora, me encantaba recibir las felicitaciones de mis maestras, y sin saberlo fueron las connotaciones positivas las que me ayudaron a armarme con una mejor imagen de mí misma.
Crecí complaciendo, me gustaban muchos los elogios, mucho más que los retos, por eso trabajaba duro por hacer que me halagaran.
Me refugié en el estudio, y con la tremendamente válida y progresista metodología del estudio de mi padre, el colegio se transformó en un juego.


Era siempre una de las mejores alumnas, otro factor que hizo que ni por asomo pudiese pensar que yo tenía TDAH.

Mis intereses fuera del colegio eran múltiples, disfrutaba del aire libre, de la quinta adonde brillantemente mis padres decidieron trasladarse cuando solo tenía 8 años.
Esto me permitió unir mis mundos de hiperactividad, creatividad, sociabilidad, alegría constante, con mi imaginación y mis juegos solitarios, mis ensoñaciones románticas con la música, que empezó a guardar mis mas íntimos secretos.
Mis sensaciones de ser diferente, mis emociones muy intensas y cargadas de emotividad extrema eran lo que me permitían componer canciones que sí podían, legalizar mis sueños y mi poesía de vida.


Pero volver al colegio traía otra vez comparaciones, y reclamos, a pesar de que siempre me encantó empezar las clases.
Todo nuevo, nueva maestra, a veces nuevos amigos, zapatos nuevos, pero a las 24 hs., mi motivación por ir se perdía.
Me gustaba faltar a clase, tanto como me gustaba empezar el primer día.
El aburrimiento era un obstáculo que acechaba.

En la época de clases, mi desorganización se incrementaba, o más bien se me hacía casi imposible disimularla.
Se agregaban muchos papeles con notitas, algún pañuelo que ilusoriamente mi madre ponía pensando en que iba a ser utilizado en algún resfrío, y que vivía sucio y lleno de nudos, que hacía para recordar cosas, pero al llegar al recreo, o a mi casa, a pesar de mirarlos con la intención infantil de que hablaran, recordándome lo que significaban, jamás podía adivinar por que los había puesto.

Esto creo que generó en mi interior una ansiedad enorme, temores continuos a fracasar, temor al reto, a ser descubierta y que se dieran cuenta que en verdad  lo que se veía era una máscara de “perfección”, cuando en mi interior reinaba el caos.

Morderme las uñas, nerviosamente, calmaba mi ansiedad, y luego se transformó en un hábito de concentración.
El último fortín que se resistió a dejarme, que me recordó mi TDAH constantemente, y fue hasta hace poco mi gran “vergüenza”.
Una psiquiatra no puede morderse las uñas….


En casa el desorden me acompañaba:

Si bien en mi cuarto tenía mi cama, por desgracia para mi hermana, ella convivía con mi vida huracanada, que se extendía mucho mas allá de dormir juntas.
Me cambiaba de ropa cada 30’ y por supuesto, lo que me sacaba permanecía arriba de mi cama, obviamente del revés, y se iba formando una alta pila a lo largo del día, que cuando había que ordenar se transformaba en una tarea faraónica, hasta que descubriese que el canasto de la ropa sucia, mágicamente la hacía desaparecer….

Lo que sucedía era que en 30’ por lo general la ropa no se ensuciaba, pero al lavarla tantas veces se gastaba muy rápido.
La sensación al ver mi ropa gastada, siendo muy poco el uso muchas veces alimentaba la idea de que era un desastre…


Me encantaba jugar en el parque de mi casa, y siempre inventaba algún juego que me llevaba horas planear pero nunca llegaba a empezar.
En verdad el juego empezaba y terminaba en los preparativos…
Me encantaba ayudar a papá mientras trabajaba arreglando cosas de la casa, me gustaba todo lo que me permitiese poder accionar, por otro lado cuando estaba con él, siempre sentía la emoción de sus ideas geniales, siempre tomaba sus actividades con un silbido, feliz, cantando, estar con él era sinónimo de diversión.
Compartir trabajos con él era fácil.
No solo no había críticas, sino que tenía su aliento aun cuando me equivocase.
Iniciaba muchas cosas diferentes y siempre abandonaba una por otra nueva y mas atractiva.
Mi mente era una fábrica permanente de ideas, que por otro lado manifestaba con tanta convicción que mis padres cedían a ellas.
Aprender guitarra, creo que fue junto con inglés lo único que continué, un poco por la presión de mis padres, y guitarra por disfrutar de la música.
El resto fueron solamente inicios y rápidas desmotivaciones.

Mi casa era centro de reunión de mis amigos, era un lugar donde yo disfrutaba enormemente.
Invitar a mis 36 compañeros del colegio a un picnic un sábado, hacer fiestas, reuniones, fueron un clásico de mi infancia y luego de mi adolescencia.

Amar a los animales, jugar con mis perros, cuidar a los patos, entrar al gallinero en busca de huevos calentitos, y una gran debilidad por los animales, con ellos no solo me entendía, sino que no me retaban…
Ellos me movían la cola, me venían a buscar, me esperaban y se alegraban al verme.
De ellos no recibía críticas ni indiferencia.
Parecía una niña feliz, activa, socialmente exitosa, muy colaboradora en casa.


Pero los mensajes cotidianos, sin embargo, no eran positivos.

A pesar de nunca haber tenido problemas escolares, nunca tuve malas notas, por lo general, mi boletín marcaba excelencia académica, sin exagerar, nunca ser la mejor alumna fue un objetivo, pero era muy buena alumna.


Tampoco me resultó factible lograr el primer puesto, porque entregaba generalmente los trabajos, desprolijos, o sin nombre, u omitía responder las dos últimas preguntas del examen por la gran velocidad a la que necesitaba responder, dejando siempre algo inconcluso.
A veces no obtenía el puntaje perfecto por lo preciso de mis respuestas, sin explayarme mas de lo que la maestra pedía, entendiendo que solo debía contestar la consigna.

Por ejemplo: ¿Quien Descubrió América?
Rta: Cristóbal Colón.

Los demás entregaban varias hojas, y obviamente recibían mejores calificaciones, yo era la que iba a cuestionarle a la maestra.
¿Quién, implica quién,  y no quienes eran sus padres, donde había nacido, etc.?
Resultado de esa interacción, niña molesta.

Otras veces en matemáticas, igual que en otras materias exactas, en las que no tuve dificultad alguna, (creo que por no tener que usar la memoria), resolvía los problemas sin detallar el mecanismo por el que llegaba a los resultados, por considerarlo innecesario, y eso no permitía sacar la mejor nota.
Todo ello llevaba a que las maestras no pudiesen aceptar estas diferentes formas de respuesta, tan personales.
  
Resulta muy difícil para un niño que llega a tener ideas propias, imaginación, preguntas, una forma diferente de aprender y de observar la realidad, aceptar un sistema que no puede contemplar sus diferencias, forzándolo a amoldarse a un esquema por lo general rígido y conductista.

O se revela, y es castigado, o se rinde, y se somete.
En ambos casos pierde.
El mensaje cotidiano que recibe un niño con TDAH, es que no encaja.



Por suerte si alguien cercano puede brindarle una mirada positiva, logra que el daño en su estima no sea tan grande, que su mirada hacia sí no sea tan destructiva, y el futuro pueda ser posible.

Esa fue mi especial suerte.


Que tengan un buen fin de semana
y algun dia, todos estos capitulos haran mi libro posible.
Norma Echavarria















1 comentario:

  1. Q digo Lindo!... hermoso... música d cuna a mis oídos... Me identifico totalmente con usted... Gracias por compartirlo Dra. Nunca se sabe cuan lejos llegan las ondas que produce la piedrecita de una vivencia compartida en las aguas inmensas y profundas de la humanidad... Su labor es apreciada Dra. y su generosidad intelectual y emocional...aún más.

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