ADULTOS SIN MANUAL DE INSTRUCCIONES

Si sos un adulto con dificultades en tu organizacion, pero no por exceso de tareas sino por que sos capaz de hacer complejo lo mas sencillo, tal vez puedas encontrar algunas cosas utiles aqui.
Si sientes que un motor esta encendido sin poder silenciarlo, o que tu motivación se escurre y te aburres demasiado pronto... Si haces mil cosas pero pocas terminas...

Si las listas de tareas incompletas te superan, si quisieras tener un mes más en el año porque jamás llegas a tiempo, tal vez aqui te encuentres.
Si olvidas tus llaves, tus telefonos, tus compromisos, lo que te han dicho o ibas a decir....la cara del mozo, el nombre de la mujer de tu socio....estas en el horno si sos un adulto. Pero puede que tengas TDAH.
Si te sientes irresponsable, avergonzado, humillado y por sobre todo desconcertado porque por momentos tu funcionamiento parece exactamente igual que el del resto....
Tal vez aqui encuentres una pista. Si recuerdas el link...
Aquí estoy para a ayudarte a que lo recuerdes. Te espero en este espacio, para que entres, leas, comentes, compartas con otros y siempre regreses por mas!
Nos vemos
Norma Echavarria
Médica Psiquiatra

No perdes la cabeza porque aun tu cuello la tiene atada.....

Perdiendo contacto
Entre olvidos y pérdidas

El TDAH y las consecuencias de la desatención Escrito hace seis años, tristemente aun con menor impacto emocional, sigue vigente. porque ser desatento no se cura, se acepta. Este escrito testimonia como vive un sujeto sus olvidos..
                                                                                         Dra. Norma C. Echavarria

 Relatos de una vivencia muy particular…


 Solo necesito unos pocos minutos para ubicarme y escribir, porque esto que me sucede es algo tremendamente conocido. Aclaro que estoy escribiendo en el micro, rumbo a Santa Rosa de Calamuchita. Yendo a visitar a mis padres.
Me he despertado un poco sobresaltada, a las 3 a.m., pensando en mi teléfono celular.
No entiendo como, pero supongo que por la posición que adopté para dormir en el micro en el que viajo, por no sentirlo en mi cintura.
 O por el estado de alerta con que frecuentemente convivo, como si de ello pudiese lograr menores desconexiones. Partí para la casa de mi padre, eran algo así como las 9 p.m. cuando salí de casa, todo cuidadosamente preparado, por si algo se me olvidaba, pero aclaro fuera del horario de “protección del metilfenidato” situación en que mi vida es algo así como una catástrofe.
No es un efecto rebote y empeoro con respecto a como he sido, ese es mi estado natural….
 He convivido con estas sensaciones creo desde que recuerdo, y tenia mas o menos 6 años. Simplemente me sucede ahora algo así como la descripción del cuento de Cenicienta.
 A ella las 12 de la noche le quitarían la magia de la belleza de sus atuendos, y su carruaje.
A mí pasado el efecto del metilfenidato, la memoria de trabajo, como se llama ese sitio de intercambio y almacenamiento de información, on line, se me derrite… metafóricamente se entiende.
 Todo aquello que este desconectado de mi cuerpo, podrá escaparse, podrá escurrírseme, sin que ni por asomo, pueda registrarlo.
 Las señales de angustia antes de salir a algún lado, son tremendas, pero las que sobrevienen al no encontrar algo mío, son mucho peores. “No cuidas nada”…... “Ya vas a ver cuando seas quien lo compre”….. “Nada te importa”….
Y miles de cosas por el estilo formaban parte del repertorio que generaban los avisos de mis pérdidas.

 Una enorme cantidad de reproches que me llegaban de todo aquel que se encontraba a mi lado Ahora están en mi interior. No puedo más que sentir el tremendo peso de la angustia de convivir irremediablemente con mi switch de desconexión prendido.
 Me desconecto de lo que sucede, cuando mi cabeza se enciende, distrayéndome con pensamientos atractivos. ¿Que paradoja, no?
 Mi cabeza se activa pero al ingresar en un área, pierde la posibilidad de mantener la información que estaba manejando hasta ese momento en otra…
 Me desconecto supongo entonces, del chequeo inconsciente pero continuo que nuestro cerebro tiene con nuestras pertenencias. Estar online solo es posible mientras estoy medicada.
 Acepto el enorme desafío de saber que al menos por algunas horas de mi día funciono mejor, pero no es fácil resignarme a perder las cosas que adquiero con mucho esfuerzo.
 Hace más o menos dos meses, perdí mi anterior teléfono celular.
Enganchado en mi cintura, apurada haciendo las compras para ganar tiempo, malditas carreras que evidentemente me descompensan aun mas, perdí contacto.
 Hoy no encuentro el nuevo. Las escenas son iguales. Juro que lo tenía….
Me fijé bien donde lo puse…..
 Cerré mi campera pensando que no fuera visible evitando un robo, entiéndase, ya que iba a una Terminal de ómnibus.
 Mi sistema no sirvió. Eso es finalmente lo que me queda de saldo. (Un enorme esfuerzo que no sirve..)
 ¿Como no frustrarse? 
¿Como no adquirir un estigma personal de inconsistencia e irresponsabilidad? 
Convivir con la ansiedad como si preocuparse en exceso evitara que sobrevenga el desastre.
Ahora debo llegar, sin teléfono por supuesto, y llamar a mí casa para avisar que no lo tengo.
Perder cosas tiene historia.
La última vez vine sola.
Viajar sola me genera mucho estrés, no cuento con otro que se encargue de recordarme todo el tiempo que debo hacer.
Pero antes de esa oportunidad, vine con Juli, mi hija mayor.
  Por lo que relato, preparé todo antes de salir de lo de mi padre. Separé su pasaje, se lo entregué, a pesar de ser desatenta, estaba mas a salvo con ella. Separé el dinero para el maletero, todo listo y seguro. Dejé en la mochila las cosas importantes, y sobre la mesa, mi cartera.
 Cambio de último momento, manejar yo el auto de mi padre.
¿Habrá sido eso lo que me distrajo?
 Llegamos a la Terminal del pueblo, llovía por lo que le pedí a mi padre que regresara, pues se venía una de esas ultimas tormentas de verano, ya no está para cruzar el vado como un aventurero de 25 años….
A los dos minutos, me doy cuenta que mi cartera íntegra, con mi pasaje dentro, seguía sobre la mesa de su casa, A solo 15 minutos para que llegase el micro….
Angustia, enojo, bronca,tristeza, desesperación, sirven para describir mi estado. 


 Usar un teléfono, no el mío, ya que permanecía en mi cartera, fue un recurso, pero nadie contestaba en la casa. Mi madre, acostumbrada a correr detrás de mí una vida entera, salió a pedir que una vecina la lleve para alcanzarme la cartera.
 Mi padre y ella se cruzaron en el camino.
  Finalmente llego mi padre casi al mismo tiempo que el micro.
Todo se pudo resolver, solo que en mi interior yo había vivido la tercera guerra mundial!
 Así he vivido casi toda mi vida.
 Ahora en algunos momentos es peor, pues conozco mejor lo que es estar conectada.
Perder un sweater, olvidarme un saco, perder, las llaves, olvidarme el auto, perder guantes, paraguas, boletos, pasajes, libretas, exámenes, dinero, documentos, carteras, son algunas de las más comunes cosas que he perdido.
La enorme angustia que anticipa el hecho de pensar en la posibilidad de perder algo más, es y ha sido lo que me ha acompañado toda mi vida.
 Inmensas ganas de llorar, por la impotencia que genera el no tener control sobre la posibilidad de desconexión.
Enorme es la sensación de responsabilidad cuando me siento madre de 5 hijos, que dependen de mi memoria. Mucha culpa y autrorreproche.
Mucha paliza emocional.
 Recuerdos me sobran de episodios como este, algunos me dan gracia, pues son torpezas sin gran pérdida.
Pero pierdo cosas que me cuestan mucho, que amo y quiero tener.
Se que uno de los motivos es no poder seguir el rastro de las cosas que van conmigo, porque voy trasladándome con ellas sin estar “consciente” de llevarlas conmigo.
 Parece un poco ridículo decirlo de esta manera, pero soy un transporte permanente de cargas sin registro. Me voy moviendo de un lado a otro, y conmigo van objetos, que se van quedando en las diferentes estaciones donde paro.
 Antes era muchísimo peor!
Evidentemente las pérdidas son directamente proporcionales a los km. Recorridos, y para una hiperactiva hacer 20 o 30 movimientos, en una acción, es cosa de niños. Si a ello le sumamos que mientras la velocidad sube, la posibilidad de registro disminuye, bueno, que podría yo decir…. Puedo llevar por ejemplo las llaves en mi mano, abrir la heladera, apoyarlas y dejar que se enfríen…. Involuntariamente…. Obvio.
Puedo salir de mi casa, y si llevo más de una cosa en mi mano, lo que se sume, se queda inevitablemente en el camino….

Pero lo más importante que evidentemente aún no he podido superar el la golpiza emocional que me dedico, cuando me descubro nuevamente despojada de lo mío.

Pienso en una psiquiatra muy bonita, rubia delgada alta y perversa, desde su enfoque psicoanalítico crudo, esta Dra. cuyo nombre me reservo porque soy buena persona, en su ignorancia del TDAH sugirió frente a mis relatos de mis frecuentes pérdidas que también había perdido un hijo! Semejante asociación en un psicoanálisis salvaje, me permitió ponerme de pie y salir en busca de otro horizonte...

Puede un tratamiento realmente empeorar por desconocimiento la emocionalidad de un ser afectado por un problema biológico?

 Ahora estoy nuevamente en el micro. Sentada estoy escribiendo en mi viaje de regreso a casa.
Quiero terminar este capítulo de mi historia.
Ni bien llegué, mi padre, me esperaba, fue mi contención y mi comprensión.
 Había permanecido despierta, sin dejar de torturarme por la pérdida de mi celular. Aclaro, no es el celular, es la pérdida en sí lo traumático.
Llegué a la casa, y ni bien pude telefoneé a mi casa “Había dejado mi teléfono sobre mi cama...

 Ni registro de ello.
Como si me relataran un episodio de la vida de otro ser humano.
 Ni un recuerdo de mis movimientos. Nada.
 El alivio, llegó porque dejé de lado el hecho real de volver a enfrentarme con los pasos que siguen habitualmente a toda pérdida.
Pero a la golpiza emocional, sobrevino un dejo de tristeza.
Podrá terminar algún día esta historia de desconexiones?
¿Dejará de existir en mi interior el bombardeo cruel frente a las pérdidas, o simplemente será un mecanismo automático, que intente hacerme aprender? 
 No es que no quiero, nadie como yo en realidad no quiere. 
Lo real es que no puedo. 
Se que hay diferentes grados de problema, hay quienes de vez en cuando se olvidan las llaves, y están los que no se la olvidan, porque se las arreglan para tener siempre alguien junto a ellos, que les abra la puerta….
Están los que pierden tiempo, buscando por todas partes lo que perdieron de vista, pero que tan solo viven esto como un problema en su interior, o con los que conviven con ellos. Pero al menos se dan cuenta a tiempo.
Pienso en cada una de las escenas ligadas a mi historia de pérdidas.
 Me llueven a baldes emociones angustiosas y crueles castigos infligidos.
Quiero recordar, pues al no poder hacerlo, es como estar perdida. Es como caminar a unos centímetros del piso. No dejando huellas…. Las huellas quedan en mi interior……
 Para esta enorme sumatoria de episodios que me marcan, si tengo memoria…
Y muy buena…. Porque es mi memoria emocional.
¿Otra paradoja, tal vez?
 Norma Echavarría 19 de junio de 2006 Copyright

6 comentarios:

  1. Me gusto mucho tu historia, que suerte que has tenido unos padres con paciencia y comprensión.
    Veo que ahora tenes un blog donde muchos como yo, nos sentimos identificados y apoyados. Sigue asi con este trabajo tan bueno.
    Saludos desde Spain.

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    1. Gracias Mario. Siempre tiene mas sentido cuando no nos sentimos solos.
      Un abrazo, y espero que pronto mi segunda patria tenga mas trabajo para todos.
      Norma

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  2. Respuestas
    1. Que bueno Roberto que te unas a las desventuras literarias !!! Un enorme abrazo Norma

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    2. No sé si tendrá algo que ver o no, pero a mí estos olvidos me recuerdan a los mecanismos de aprendizaje. Por poner un ejemplo: cuando aprendes a conducir (manejar) el coche tienes que cambiar las velocidades, pisar los pedales, actuar los intermitentes, todo de manera totalmente consciente, organizada y voluntariamente. Lo sé porque estoy enseñando a mi hijo mayor a conducir.
      Con el paso del tiempo, conducimos de manera totalmente automatizada e inconsciente. Al final de un viaje de varias hora nadie sabría decir dónde ni cuando ha cambiado a qué velocidad ni ha reducido o frenado de qué manera aunque seguro la habrá hecho.

      Saludos, Javier

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  3. Estimado Javier
    Justamente lo difícil de estas situaciones es la dificultad, casi imposibilidad de aprender. En el tema de la memoria de trabajo, que nos permitiría recordar, para tener presente, lo que hacemos mientras lo estamos haciendo. Por ello cuando uno repite los pasos de algo sistematicamente, y arma una rampa, una estrategia, eso hace mas sencillo en todo caso el proceso.
    Manejar, como cualquier aprendizaje de pasos de algo que luego se repite, pasa a nivel automatico, se torna un hábito. Pero no hay manera de tornar para la vida misma, un hábito a no ser que la roboticemos, y la estructuremos con una enorme meticulosidad. Yo misma viví sin saberlo Javier, años dentro de una estructura obsesiva extrema, que en cierta forma me ayudaba a cumplir lo que debia lograr, que quería lograr en realidad.

    Cuando logramos aprender los pasos de algo, luego no lo practicamos mas, se olvida, como si se extienguiese totalmente.
    Pero vale, bueno es intentar hacer de estas dificultades un desafío y spobre todo flexibilizar la dureza con la que nos encontramos castigandonos si fracasamos.
    UN abrazo grande

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